Lingüística

DISCURSO DE IMPOSICIÓN DE PLACA CON EL NOMBRE DE JOAN COROMINAS, AL INSTITUTO DE LINGÜÍSTICA

Si algo suele caracterizar a los argentinos, es la falta de memoria para las figuras señeras de la historia, ya sea la nacional, ya sea la institucional. En efecto, en el caso del Instituto de Lingüística de nuestra Facultad, fue preciso que llegara a Mendoza, en octubre de 2007, y gracias a la mediación de la Profesora Florencia Cassone, el Dr. Philip Rasico de la Universidad de Nashville, con una conferencia acerca de Joan Corominas, de quien fuera estrecho colaborador, para que cobráramos conciencia de la relevancia de su figura. Relevancia que se inscribe no solo en el aporte invalorable de su obra escrita sino en haber sido el fundador de nuestro querido Instituto y de su revista, los Anales. Corominas fue el primer director y la impronta que le dio al Instituto fue tan segura que a partir de allí no hubo vacilaciones, sino crecimiento sostenido. Tras él, muchos otros vinieron, continuadores e impulsores de la tarea iniciada. Pero hoy, el agradecimiento y la memoria son para él.

Recordemos, pues, las instancias que lo trajeron a nuestra Universidad, a partir de fragmentos obtenidos de la biografía que nos hizo conocer el Dr. Rasico:

El profesor Joan Corominas (Barcelona 1905-1997), autor del bien conocido Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana (4 volúmenes, 1954-1957), del Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana (1961), del Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (6 vols., 1980-1991), y, asimismo, del diccionario catalán correspondiente Diccionari Etimològic i Complementari de la Llengua Catalana (10 vols., 1980-2001) y del diccionario toponomástico Onomasticon Cataloniae (8 vols., 1989-1997), entre muchísimas obras adicionales, figura, sin duda alguna, entre los mejores romanistas de su época y hoy se le reconoce en general como el lingüista más distinguido y más prolífico de las Letras Hispánicas del siglo XX, habiendo superado así a sus contemporáneos y colegas, como por ejemplo a Rafael Lapesa o a Amado Alonso, y hasta a su propio maestro, Ramón Menéndez Pidal.

Joan Corominas pasó los años 1939 a 1946 en Mendoza como profesor de lingüística y filología en la Universidad Nacional de Cuyo, donde fundó y dirigió el Instituto de Lingüística y la revista Anales del Instituto de Lingüística

Joan Corominas -cuyo apellido catalán tambien se escribe Coromines (< Conomines < CONDOMĪNAS ‘campos situados en torno a un caserío’) de acuerdo con la evolución fonética de la lengua catalana, y así aparece firmado en la mayoría de los escritos del lingüista a partir de los años 1960s-, nació el 21 de marzo, 1905, en el seno de una familia barcelonesa de la alta burguesía catalana.

El 7 de febrero, 1939 marcó un cambio dramático en la vida de Joan Corominas y en la de toda su familia. A consecuencia de la victoria en España de las tropas fascistas comandadas por el general Francisco Franco y el inminente colapso de la Segunda República española, Corominas se vio obligado a abandonar su país y vivir exiliado en el extranjero. Aquel día atravesó la frontera y estuvo internado durante dos semanas en un campo de refugiados españoles (sobre todo catalanes) cerca del pueblo rosellonés de Saint-Cyprien (Sant Cebrià). Una vez había sido puesto en libertad hacia finales del mismo mes, viajó a París donde pudo reunirse con varios familiares suyos que ya se habían establecido en las afueras de la ciudad. Por las mismas fechas Ramón Menéndez Pidal, Amado Alonso y Ricardo Rojas hacían gestiones urgentes para conseguirle a Corominas una cátedra en la Universidad Nacional de Cuyo situada en Mendoza, Argentina, la cual se inauguraba el próximo mes de julio. A pesar de la intervención de tan ilustres maestros y colegas, los trámites realizados en este sentido no les resultaron tan fáciles; entre otras garantías exigidas Menéndez Pidal tuvo que asegurarle con firmeza al gobierno argentino que Joan Corominas “no profesaba ideas extremas y no tuvo ninguna actividad política” (Pujadas i Marquès 1999:234). Por fin los esfuerzos hechos tuvieron éxito, y el 28 de julio el rector de la Universidad Nacional de Cuyo, Edmundo Correas, le comunicó a Corominas que el gobierno argentino le había concedido una plaza de profesor de lengua y literatura castellanas y de filología, con un sueldo mensual de 600 dólares, y que las clases comenzarían el 16 de agosto.

Joan Corominas y su esposa Bárbara se dirigieron a la ciudad de Mendoza donde el lingüista se incorporó inicialmente a la Universidad Nacional de Cuyo como profesor de gramática superior castellana y de latín en la Escuela de Lenguas Vivas. Pocos días después de haberse instalado en Mendoza Corominas recibió la triste noticia que el primero de diciembre había fallecido en Buenos Aires su querido padre, Pedro Corominas

A raíz de la desaparición de su padre, Corominas se entregó aún con más fervor a sus proyectos científicos inmediatos, ya que le quedaban fuera del alcance, por las circunstancias geopolíticas de aquel entonces, los dos que más le apasionaban, que él venía preparando desde el año 1925, y que le parecían tan imprescindibles como urgentes: un diccionario toponomástico catalán (el Onomasticon Cataloniae) y otro etimológico de la misma lengua.

En enero de 1940 Joan Corominas fundó el Instituto de Lingüística de la Universidad Nacional de Cuyo en Mendoza, la dirección del cual le fue encargada oficialmente por dicha universidad el 16 de abril del mismo año. Al mismo tiempo Corominas fundó la revista Anales del Instituto de Lingüística, cuyos tres primeros volúmenes dirigiría personalmente, y fue nombrado catedrático de Gramática Castellana Superior en la Facultad de Filosofía y Letras, y de Castellano y Literatura en la Escuela de Lenguas Vivas. Así, pues, en un período de pocos meses Corominas había logrado establecerse en un puesto muy favorable para el desarrollo de sus inquietudes profesionales, y especialmente en vista de su condición de refugiado e inmigrante

Por ese entonces, el 28 de enero, 1940, Corominas rechazó la oferta de una cátedra de Filología en el Instituto Superior de Pedagogía y Letras de Quito, Ecuador. Tantas ganas de marcharse de Mendoza no las debía tener; pues el próximo 3 de octubre pronunció una conferencia titulada “Rasgos semánticos nacionales” en el Salón de Grados de la Universidad Nacional de Cuyo, la cual se publicaría en el primer volumen de los Anales de Lingüística (I, 1941:1-29), y, con algunas adiciones y junto con otros estudios lingüísticos suyos realizados durante su estancia en Mendoza, unos treinta años más tarde en el primer de los dos volúmenes del libro de Corominas titulado Tópica Hespérica (2 vols., Madrid: Gredos, 1972). En el mismo mes de octubre, 1940, Corominas le propuso al rector de la Universidad Nacional de Cuyo, Edmundo Correas, que lo nombrara director de la Biblioteca Central de la Universidad durante un período de dos meses a fin de que pudiera ordenar y catalogar sus colecciones, la cual propuesta fue aceptada por el rector. Además, apareció aquel año en Mendoza el que sería la primera publicación cuyana de Corominas: el artículo “Lengua y gramática,” aparecido en ‘Spíritus’, Revista de los Alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo (agosto-septiembre, 1940), 57-63. El 9 de julio del mismo año inició una colaboración con el diario mendocino Los Andes, en el cual publicaría una serie de artículos, finalizada en octubre del año siguiente, en la sección semanal “Consultas de lenguaje”. Los artículos aparecidos en aquel rotativo fueron “Debemos enriquecer nuestro vocabulario matizándolo” (9 julio, 1940); “Historia y métodos de la etimología” (5 septiembre, 1940); y “El património léxico argentino” (5 octubre, 1941). Y para culminar el año, el 30 de diciembre Corominas, junto con varios compañeros, intentaron un primer ascenso al Cerro El Plata (6.310 metros), el éxito del cual resultó impedido por el mal tiempo.

A principios de 1941, mientras Corominas y su esposa veraneaban en Miramar, en la costa argentina, el lingüista inició en la Biblioteca Central de Buenos Aires la recolección de materiales para el Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana, obra a la que había decidido dedicarse mientras no le fuera posible llevar adelante sus proyectos de lingüística catalana y que, además, le podría servir como ensayo metodológico para éstos. Según José Antonio Pascual, colaborador de Corominas en el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico y miembro actual de la Real Academia Española:

“Sorprende que cuando el exilio le colocó ante la realidad lingüística de la Argentina y se vio obligado a desviarse por unos años de su atención preferente al catalán, afrontara una aventura filológica de tal calibre como lo era la confección de un diccionario etimológico castellano. Se trataba, sin duda, de un atrevimiento: por las dificultades inherentes a la confección de una obra referente a una lengua que estaba tan alejada de sus intereses, desde luego; pero también por las condiciones materiales de que partía [...]. No era la Universidad de Cuyo el mejor lugar para embeberse de la bibliografía relacionada con la historia del español, pues aquella institución recién creada carecía de los textos básicos de nuestra literatura y de los trabajos fundamentales relativos a la etimología e historia del léxico románico”.

Cabe notar, asimismo, que al lado de sus intensas actividades investigadoras y docentes correspondientes a esta época, Corominas no dejaba de participar en otra de sus grandes pasiones: el excursionismo y el alpinismo. El 6 de noviembre de 1942 fue designado miembro de la Comisión de Divulgación Científica del Club Andinista de Mendoza. Y el año siguiente, tras haber pronunciado la conferencia “Toponimia andina” el primero de julio en el mencionado Club Andinista, organizó y dirigió, el 2 de noviembre, 1943, el primer ascenso exitoso a la cumbre del Cerro Blanco Olonquimíni (5.100 metros) en la zona El Salto de los Andes argentinosA finales de diciembre de 1944 Coromines, junto con otros compañeros del Club Andinista de Mendoza, alcanzaría la cima del Loma Amarilla (5.200 metros) en la zona de Vallecitos; y el 3 de noviembre del año siguiente llegaría a la cumbre del Cerro El Plata (6.310 metros).

En 1944 apareció el segundo volumen de los Anales del Instituto de Lingüística de la Universidad Nacional de Cuyo, correspondiente al año 1942 y dirigido por Corominas, en el que se incluyeron tres artículos suyos: “Espigueo del latín vulgar” (págs. 128-154); “Adiciones y enmiendas al primer tomo de los Anales” (págs. 177-184); y “Extracto del informe acerca de los trabajos realizados por el Instituto de Lingüística” (págs. 185-188). El tercer y último volumen de los Anales que Corominas editó, del año 1943 aunque publicado en 1945, les brindaría a los lectores el importante artículo sobre el catalán medieval “Las Vidas de Santos roselloneses del manuscrito 44 de París” (págs. 126-211) más la nota “Adiciones y enmiendas” (pág. 212).

A pesar de la tan activa y la tan copiosa producción científica de Corominas correspondiente al año 1944, el lingüista no debía sentirse satisfecho ni con los preparativos del Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana ni con sus circunstancias particulares. Hacia mediados de aquel año tomó la decisión de marcharse de la Argentina y volver a Europa, o, si esto todavía no le resultaba posible, pues entonces intentar establecerse en los Estados Unidos. Con este propósito les escribió a varios maestros y amigos, entre ellos Ramón Menéndez Pidal de la Universidad de Madrid; Américo Castro de la Universidad de Princeton; Amado Alonso del Instituto de Filología en Buenos Aires; y Leo Spitzer de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, a fin de que le ayudaran a encontrar un puesto académico.

En la carta mandada a Américo Castro Corominas le comunicó lo siguiente:

“La fase de recolección de materiales [para el Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana] se está acercando al fin [...]. No se trata ni de una obra fácil de recopilación superficial [...] ni de un vago propósito de realización incierta y remota [...]. Últimamente la escasez de material me ha conducido ya a extractar algunas fuentes, útiles sí pero no de primera necesidad. Como nadie puede saber los límites de la vida humana, las circunstancias en las que me encuentro pudieran resultar causa, por lo tanto, de que la obra quedara sin terminar, o de que no pudiera emprender otras para las que me veo con fuerzas. Y sin embargo fuentes esenciales han permanecido fuera de mi alcance y seguirán estándolo mientras no me traslade a los Estados Unidos o a Europa”.

El 19 de junio, 1945, Corominas recibió la muy grata noticia que la Fundación Guggenheim le había concedido una beca dotada de 2.500 dólares, de un año de duración, para la preparación del Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana. A mediados de noviembre los profesores de la Universidad Nacional de Cuyo le ofrecieron una cena de homenaje y despedida con motivo de su traslado a los Estados Unidos; y el 27 del mismo mes Corominas y su esposa se embarcaron para Nueva York.

Y esa fue, en apretada síntesis, la historia fecunda de la estancia de Corominas en Mendoza. Sabemos nosotros que tras las palabras se esconden evocaciones; así, tras el apellido Corominas hay una historia: Nombres, palabras y patria. un filólogo de primera magnitud, un gran científico, un trabajador incansable cuyo esfuerzo no conoció descanso y cuya voluntad le llevó a crear una obra gigantesca.

Hoy, a 68 años de la fundación del Instituto, nos queda en pie su obra, su inmenso trabajo con la PALABRA. Él parece haber cumplido el designio tan bien expresado por Blas de Otero:

Si he perdido la vida, el tiempo […] me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro/ puro y terrible de mi patria/, si

abrí los labios hasta desgarrármelos/, me queda la palabra.

Esp. María del R. RAMALLO DE PEROTTI

17 de abril de 2008

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